sábado, 14 de abril de 2012

TITANIC; LA INSUMERGIBLE MOLLY BROWN


TITANIC
MOLLY BROWN




Me estiré en mi cama de latón, al lado de una lámpara. Completamente absorta en la lectura casi ni me enteré del golpe en la ventana de arriba que me tiró al suelo. En cuanto me levante salí al pasillo para averiguar con que habíamos chocado y vi que muchos hombres también habían salido en pijama.


Parecían estar escuchando en silencio, pensando que no sería nada grave, aunque se daban cuenta de que los motores habían parado justo después del choque y de que el barco no se movía. Molly volvió a su camarote pero escuchaba el ajetreo que aumentaba en el pasillo así que se dispuso a averiguar que estaba pasando. “Salí de nuevo al pasillo y vi a un hombre completamente pálido, con los ojos encendidos, como si fuera un fantasma. Cogía aliento y me dijo casi sin voz que cogiera mi salvavidas.”


Molly Brown, acostumbrada a viajar, nunca temió por su vida, pensó que si sucedía lo peor siempre podría salir nadando. No fue necesario, después de ayudar a dos pasajeros a subir a un bote salvavidas le dijeron que ella también iba y subió al bote nº6. Ese bote estaba preparado para 65 pasajeros, sin embargo solo subieron a bordo 21 mujeres, 2 hombres y un chico de doce años. Mientras arriaban los botes Molly contempló con horror como el agua brotaba de una grieta en el lateral del barco. Las últimas órdenes que recibieron del Capitán Smith eran de “remar hacia la luz y de mantenerse juntos.” Mientras el bote se alejaba se dieron cuenta de que no había ninguna luz. Molly deslizó el pesado remo de madera con la ayuda de otra mujer y las dos remaron juntas. “Cuando nos alejábamos del barco, oímos disparos. Luego nos dijeron que eran los oficiales que disparaban mientras arriaban los botes para evitar que los pasajeros de las plantas bajas saltaran a ellos y los hundieran. Otros decían que eran las calderas.”


Molly podía oír todavía ladridos de perros y llantos de niños a lo lejos. Quería creer que también los habían subido a los botes salvavidas. Finalmente los llantos cesaron y se escucho un gran estruendo al estallar las calderas y todo el contenido del barco se deslizo a un lado. “De repente se hizo una grieta en el mar y la espuma rodeo el barco como si fueran brazos gigantes y la nave desapareció de nuestra vista.” Los ocupantes del bote de Molly permanecieron en silencio en medio del shock. Quisieron volver para rescatar a las personas que habían quedado en el agua, pero el contramaestre Hutchens dijo que eran sus vidas las que estaban en peligro ahora y que las víctimas que se ahogaban volcarían el pequeño bote intentando subir para salvarse. Con reticencias, las mujeres volvieron a los remos mientras escuchaban los gritos desesperados que venían del mar. Continuaron remando cuatro horas mas viendo ocasionalmente destellos de bengalas que disparaban desde los otros botes. A las cuatro y media de la mañana Molly vio un destello de luz. Era el Carpathia que se acercaba. Tras subir a bordo les dieron café caliente mientras escudriñaban la cubierta buscando rostros familiares.


Molly, aunque estaba dolorida, cansada y muerta de frío, se dispuso a ayudar. Su conocimiento de idiomas le permitió consolar a los supervivientes que no hablaban inglés. También busco por todo el barco mantas y comida para las mujeres que dormían en el comedor y en los pasillos. Confeccionó una lista de supervivientes que se envió por radio a sus expensas. Molly se dio cuenta de que muchas de las mujeres lo habían perdido todo; maridos, niños, ropa, dinero y objetos de valor y que encima se disponían a comenzar una nueva vida en otro país. Antes de que el Carpathia llegara a Nueva York recaudó 10.000 dólares para las victimas más desfavorecidas entre los pasajeros de primera clase. 
El Carpathia atracó en el muelle 54 de Nueva York donde una multitud de 30.000 personas esperaban. Molly es una de las primeras supervivientes que bajan por la escalinata del barco. Los periodistas se lanzan enseguida hacia esta mujer que todavía llevaba los vestidos lujosos que tenía puestos la noche en la que se hundió el Titanic. Y al preguntarle que fue lo que la ayudó a sobrevivir, respondió:“ la suerte típica de los Brown, somos insumergibles ”. Su fama como superviviente del buque siniestrado le ayudó a promover los temas por los que ella había estado luchando; los derechos de los trabajadores y las mujeres, la educación y la alfabetización de los niños, la histórica preservación y la conmemoración de la valentía y la caballerosidad mostrada por los hombres a bordo del Titanic.


El billete de primera clase de Molly costo 4.350 dolares, unos 50.000 dolares de hoy, o traducido a euros 39.465€, más de seis millones y medio de las antiguas pesetas, esa fue la diferencia de tener derecho a un bote salvavidas y no morir congelado en el agua, esa y una antigua ley del mar que dice que las mujeres y los niños primero.



Molly Brown se presentó de nuevo para el Senado en 1914, pero terminó su campaña cuando su hermana Helen se casó con un barón alemán. Durante la Primera Guerra Mundial estuvo trabajando con el comité americano para la Francia devastada. Reconstruyó áreas que habían quedado arrasadas y ayudó a los soldados franceses y americanos. Fue condecorada con la legión de honor francesa por su buena ciudadanía, incluyendo su activismo y filantropía en Estados Unidos. Durante los últimos años de su vida fue actriz.


En 1922 falleció su esposo sin dejar testamento y se necesitaron cinco años de disputas entre Molly y sus dos hijos para resolver la situación. A partir de entonces y hasta su muerte por un tumor cerebral, el 26 de octubre de 1932, ella no tuvo contacto con sus hijos. La superviviente más famosa del Titanic, la insumergible Molly, se encuentra enterrada en el Cementerio de la Santa Cruz, situado en Westbury, Nueva York.


FDO:Mr J.

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